viernes, 16 de febrero de 2018

EDUCAR PARA LA FRATERNIDAD

“Y porque de los niños se hacen los grandes, la buena educación de éstos en estilo de vida y en doctrina aprovechará a muchos en el futuro, extendiéndose cada día más el fruto”  [San Ignacio de Loyola. Constituciones]
¿Será mejor el mundo de mañana?, ¿más justo, más desarrollado, más solidario, más fraterno, más feliz,…? ¿Acaso el futuro de la humanidad no depende de la educación que reciban los niños y jóvenes de hoy?
El desarrollo de la ciencia, la tecnología, la política, etc, es algo muy importante para alcanzar un mundo mejor, pero más importante aún es el desarrollo de las personas, la educación de los seres humanos en valores humanos y espirituales. Si faltan estos valores podemos estar creando un mundo con mucha tecnología, rápidos trenes, veloces aviones, grandes edificios,… pero ¿será un mundo justo donde las cosas se repartan adecuadamente entre todos?

Dios nos ha dado una inteligencia para dominar la Creación,(cfr. Gen 1, 28) y por ello hay que desarrollar la mente, la investigación, la creatividad artística y literaria, la economía… todo eso es bueno y necesario, siempre y cuando formemos personas con espíritu crítico, con valores profundos, que sepan ser felices y hacer felices a los que les rodean, que sepan compartir fraternamente.  ¿Acaso no es éste el gran reto de la educación?
Enseñar a que ellos vuelen su vida, piensen sus ideas, construyan sus sueños,… que ellos sean artífices de su propia vida, de su propio desarrollo, que lleguen a ser las mujeres y los hombres que Dios desea de cada uno de ellos, que ellos sean artífices de un mundo más fraterno, más desarrollado, sí, pero también más humano y más divino.
ORACIÓN:  Una vez más, Señor, ponemos ante Ti nuestra tarea educativa, para que nos ilumines, para que nos enseñes a educar la inteligencia y el corazón de los niños y jóvenes que pones en nuestro camino. Que sepamos darles las herramientas necesarias para que ellos construyan su futuro, sean los hombres y mujeres que Tú esperas de cada uno de ellos. Que sean felices, y hagan felices a los demás. Que sean inteligentes, listos, creativos, pero que sobre todo tengan un gran corazón. Amén. Así sea.

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